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Preguntas frecuentes

¿Cuál es el precio y la duración de las sesiones?

El precio de las sesiones es de 55€/sesión y la duración es de 60 minutos.

También tienes la posibilidad de adquirir un Bono de 4 sesiones por 200€, con lo que el precio por cada sesión saldría a 50€, un poco más barato que el precio por sesión normal. Si adquieres este bono, cada vez que tengamos una sesión consumiremos una de las sesiones hasta que se acaben.

Las sesiones del Bono de 4 sesiones, tienen una caducidad de 6 meses. Es decir, una vez adquirido, tendrás 6 meses como máximo para utilizarlas.

La duración de cada sesión es aproximada, y a veces podemos terminar un poco antes. De todas formas siempre intento aprovechar al máximo el tiempo que tengamos.

¿Realizas algún tipo de descuento?

Sí. Realizo un 25% de descuento, tanto en las sesiones individuales como en el bono de 4 sesiones, por los siguientes motivos:

  • Estudiantes: Tendrás que mandarme una copia o recibo de una matrícula de estudios universitarios o de FP, del actual año académico.
  • Personas desempleadas: Tendrás que mandarme un certificado de desempleo.

Si quieres conseguir los descuentos, contacta primero conmigo antes de concertar una cita para mandarme los documentos necesarios, y después yo te mandaré un enlace para que puedas concertar una cita en la modalidad que quieras con el descuento.

¿Las sesiones son online?

Sí, por ahora sólo atiendo de forma online. Cuando me contactes y pidas una cita te mandaré un enlace para realizar uan videollamada a través de una aplicación.

¿Cuánto tiempo va a durar la terapia?

La duración total de la terapia es algo que puede cambiar mucho de un caso a otro. En la mayoría de los casos la terapia suele durar de 4 o 5 sesiones a 12 o 15 sesiones.

En algunos casos con 4 o 5 sesiones se pueden conseguir cambios significativos en la conducta, normalmente cuando hablamos de problemas relativamente leves o que no generan un gran malestar ni muchas dificultades en la vida de la persona.

Cuando hablamos de situaciones que sí generan un malestar mayor o muchas dificultades en la vida de la persona, el número de sesiones va a aumentar significativamente pudiendo llegar a 12 o 15 en algunas ocasiones.

La meta siempre va a ser conseguir los objetivos de la terapia y reducir el malestar lo más rápido que se pueda, y este proceso jamás debería durar años, a no ser que esté claramente justificado (por problemas crónicos, graves o cambios inesperados a lo largo de la terapia), y tampoco debe tratarse de un proceso sin un objetivo o final claro.

¿Qué tipo de terapia voy a realizar?

El enfoque de la terapia que utilizo en general es el Análisis de Conducta y el Cognitivo-Conductual.

No todas las terapias o enfoques han demostrado ser eficaces. Por ejemplo, existen organizaciones que intentan mostrar, en base a las evidencias científicas, qué terapias son eficaces para qué problemas concretos. Algunos de estos organismos son la Asociación Psicológica Americana (APA) o el National Institute for Health and Care Excellence (NICE).

En todas estas guías destaca enormemente el enfoque cognitivo-conductual como un tipo de terapia, o un conjunto de técnicas, con bastante eficiacia para un gran número de problemas de todo tipo.

¿Qué es la terapia psicológica?

La terapia o tratamiento psicológico es una intervención para resolver un problema psicológico. ¿Y qué es exactamente un problema psicológico? Se trata de un problema relativo al comportamiento que tiene la persona en relación al medio o su contexto. Ese comportamiento debe ser problemático en algún sentido e impedirle llevar una vida satisfactoria.

Para solucionar ese problema el psicólogo utilizará una serie de técnicas, herramientas y procedimientos que enseñará a los pacientes, normalmente para conseguir cambiar algunos comportamientos, emociones o pensamientos.

¿En qué consiste la terapia psicológica?

Las terapias psicológicas constan de varias fases:

  • Evaluación: se recoge información a través de diferentes herramientas como la entrevista o los autorregistros. La mayoría de las veces esto puede durar 1 o 2 sesiones.
  • Explicación: se muestra a la persona por qué su comportamiento se está manteniendo en el tiempo, por qué no está consiguiendo solucionarlo, se establecen unos objetivos consensuados y un plan de tratamiento personalizado. Normalmente esta explicación se hace en una sola sesión.
  • Intervención: se modifica el comportamiento que está generando las dificultades enseñándo a la persona diferentes estrategias y a través de técnicas concretas. La duración de esta fase es la más larga normalmente, y la que más puede cambiar de un caso a otro, ya que dependiendo del tipo de problema que estemos tratando, puede durar de 3 o 4 sesiones, a 12 o 15 si es algo más complejo.
  • Seguimiento: se espacian las sesiones en el tiempo para asegurarnos de que los cambios y mejoras en su comportamiento se han consolidado, antes de dar el alta.
¿Qué voy a hacer en la terapia?

La terapia psicológica es un proceso en el que debes participar de forma activa. Por supuesto, te iremos guiando para que des los pasos adecuados, pero no vamos a mover los pies por ti.

Es muy habitual que en la terapia cognitivo-conductual mandemos tareas, pautas o ejercicios para que hagas en casa a lo largo de los días hasta que nos volvamos a ver en la siguiente sesión. Esas tareas pueden consistir en que apliques técnicas específicas cuando te sientas mal, que apuntes y registres qué es lo que ha pasado en ciertas situaciones para analizarlo en la próxima sesión, etc. Cuando vuelvas a la sesión nos contarás cómo te ha ido y continuaremos el proceso haciendo los cambios que sean necesarios para acabar consiguiendo que tu bienestar mejore.

¿Por qué funciona la terapia psicológica?

La investigación científica ha permitido estudiar el comportamiento de las personas y así conocer las leyes del aprendizaje, que son universales, y en ellas se basan todos los comportamientos de las personas, incluyendo los nocivos o negativos. Partiendo de esto, el psicólogo analizará el comportamiento de la persona para averiguar por qué esas conductas se están manteniendo en el tiempo y la persona es incapaz de modificar por sí misma. Este análisis se denomina análisis funcional de la conducta.

Una vez se ha analizado el comportamiento, de la misma forma que esas conductas se aprendieron o se adquirieron, ahora se modifican o se eliminan, basándonos en esas mismas leyes del aprendizaje.

¿Qué es el análisis funcional de la conducta?

El Análisis Funcional (AF) es una herramienta para analizar el comportamiento de las personas. Con ella averiguamos qué función está cumpliendo una conducta concreta, qué antecedentes tiene y qué efectos produce. Es decir, vemos cuál es la conducta problema, qué es lo que ha hecho que aparezca y qué consecuencias tiene para la persona. De esta forma podemos explicar tanto el origen de esa conducta como el mantenimiento de la misma en el tiempo.

También tenemos en cuenta lo que se llama variables disposicionales, que son aquellas variables que influyen en la conducta problemática de una forma indirecta o han hecho a la persona más vulnerable a realizar dicha conducta. En cualquier caso estas variables no explican la conducta problema como tal, ni son la causa directa de la misma.

¿Qué es un psicólogo?

Un psicólogo es un experto en el comportamiento. Además es un profesional que dispone de un título universitario en psicología y que para ejercer en el ámbito clínico como tal debe estar colegiado en el Colegio Oficial de la Psicología. De esta forma, el psicólogo es el único profesional capacitado para aplicar terapias psicológicas. Por ello es su responsabilidad como profesional hacer una práctica científica y basada en la evidencia.

¿Cuándo tengo que ir a un psicólogo?

Lo más habitual y sencillo es ir a un psicólogo cuando no te encuentras bien y sientes algún tipo de malestar habitual y que te genera dificultades en tu vida diaria. En muchas ocasiones resulta difícil tomar la decisión de ir al psicólogo por muchas razones, como los prejuicios que a veces tenemos, la imagen que creemos que dará a los demás o la simple falta de información. A veces esas dificultades para tomar la decisión fomenta que esperemos demasiado o que nuestro problema pueda empeorar.

Algunas situaciones que te pueden hacer ir a un psicólogo pueden ser:

  • Tengo alguna situación complicada y no sé cómo afrontarla adecuadamente.
  • Me sobrepasan los problemas y tengo que aprender nuevas maneras de gestionarlos.
  • Algunas decisiones me generan miedo e incertidumbre y no sé qué debo hacer.
  • Tengo emociones desagradables intensas y frecuentes e interfieren en mi día a día.
  • Me siento inseguro a la hora de alcanzar mis objetivos vitales.
  • Necesito saber cómo ayudar a alguna persona cercana en las dificultades que tiene.

Es necesario tener en cuenta muchas variables diferentes sobre ti y las dificultades que estás teniendo para realizar una intervención psicológica adecuada y adaptada a ti. Por eso es importante ponerse en manos de un profesional que ayude a tomar ese camino de la mejor forma posible.

¿Qué beneficios tiene ir al psicólogo?

Un psicólogo te ayudará a analizar tu situación y los problemas que estás teniendo de una forma más objetiva, y te orientará para utilizar las técnicas, herramientas y pautas más adecuadas para mejorar tu bienestar. El proceso a veces es complicado, ya que implica un trabajo activo por parte del paciente y el psicólogo, que requiere motivación, esfuerzo y constancia.

Algunas ventajas que podemos conseguir de acudir al psicólogo pueden ser:

  • Conseguir herramientas para afrontar de forma adecuada las dificultades
  • Mejorar nuestra autoestima y seguridad en nosotros mismos
  • Relacionarnos con el entorno de manera más eficaz y satisfactoria
  • Gestionar mejor las emociones desgradables
  • Ser más conscientes de nuestros puntos fuertes y utilizarlos bien
  • Descubrir soluciones alternativas a nuestros problemas
¿Cómo elegir un buen psicólogo?

Hay varias claves que se pueden tener en cuenta a la hora de elegir un buen psicólogo. Aunque evidentemente nunca van a ser infalibles, sí nos pueden ayudar a aumentar las probabilidades de encontrar un buen profesional.

Tiene que ser psicólogo: Aunque parezca un poco obvio y ridículo plantear esto, tenemos que tener en cuenta que existen personas que abren consultas sin tener un título de psicología, anunciándose como “terapeutas” o incluso “psicoterapeutas”. Tenemos que asegurarnos de que tenga un título de licenciado o graduado en psicología, porque el psicólogo es el único profesional capacitado para realizar terapias psicológicas. Además, para ejercer como tal, tiene que estar colegiado en el Colegio Oficial de la Psicología.

Un psicólogo especialista: Es importante que se trate de un psicólogo con formación clínica. En este aspecto hay dos posibilidades: la primera es que tenga el título de Psicólogo Especialista en Psicología Clínica (PEPC) que se obtiene después de haber realizado las oposiciones del PIR (Psicólogo Interno Residente, y que es similar al MIR de los médicos). Este título le da la posibilidad al psicólogo de trabajar tanto en el sistema público como en el ámbito privado. La segunda posibilidad es que tenga el título de Psicólogo General Sanitario (PGS), lo que habilita a los psicólogos para trabajar en lo privado. Ambas opciones dan al psicólogo la formación clínica necesaria para ejercer en un ámbito sanitario.

Comprueba su enfoque o el tipo de terapia que hace: No todas las terapias han demostrado ser eficaces. Existen organizaciones que intentan mostrar, en base a las evidencias, qué terapias son eficaces para qué problemas concretos. Algunos de estos organismos son la Asociación Psicológica Americana (APA) o el National Institute for Health and Care Excellence (NICE). En todas estas guías destaca el enfoque cognitivo-conductual. Por supuesto, esto no quiere decir que este enfoque sea perfecto o sirva para todo, pero puede ser un buen comienzo buscar este tipo de terapia si no sabemos muy bien qué es lo que necesitamos.

Comprueba el proceso que vas a seguir: Asegúrate de que vas a seguir las fases habituales de un tratamiento: evaluación, explicación del problema, intervención y seguimiento. Después de 1 a 2 sesiones de evaluación, en la mayoría de casos ya tendría que ser capaz de decirte aproximadamente qué es lo que te pasa y por qué. Después tiene que proponerte un plan de intervención para solucionarlo. En este caso depende del problema, y habitualmente pueden ser desde 4 o 5 sesiones a 12 o 15. El número de sesiones siempre va a ser relativo y dependerá de muchos factores, pero lo que tienes que tener claro es que todo este proceso jamás debería durar años, salvo que esté claramente justificado por alguna razón (problemas crónicos y/o muy graves), y tampoco debe tratarse de un proceso sin un final claro.

Sesiones, duración y frecuencia: El número de sesiones total tenderá a ser reducido desde el enfoque cognitivo-conductual, pero siempre es algo relativo. Si los problemas son más graves o crónicos puede llevar mucho tiempo. La duración de una sesión suele ser de alrededor de 50 o 60 minutos, y su frecuencia habitual es semanal. Esto también podría variar. Por ejemplo si se considera necesario y está justificado, puede haber algunas sesiones de 90 minutos o que, durante un tiempo limitado, se acuda a las mismas dos veces por semana. Quizá, más importante que el número de sesiones en sí, es que haya objetivos concretos que alcanzar, y que sintamos que, poco a poco, nos vamos acercando a ellos.

Entiende qué es la terapia psicológica: Está bien entender en general en qué consiste el trabajo de un psicólogo y, por tanto, saber aproximadamente qué es lo que debería hacer o no. Por ejemplo, es muy común que haya personas que piensen que ir al psicólogo es ponerse a hablar de los problemas y ya está, o incluso personas que vienen de otros profesionales que han hecho precisamente eso: hablar hasta que se cansaron de ir. Por supuesto, un tratamiento psicológico no debe consistir en hablar sin más. Siempre pregunta al propio psicólogo todo lo que quieras, ya que si se trata de un profesional honesto, no tendrá ningún problema en darte toda la información que necesites. Al contrario, te la dará encantado.

¿Qué diferencias hay entre un psicólogo y un psiquiatra?

El psicólogo ha estudiado la carrera de psicología, y para realizar terapia psicológica, se ha especializado obteniendo el título de Psicólogo Especialista en Psicología Clínica (PEPC) o el de Psicólogo General Sanitario (PGS). Los trastornos psicológicos se conciben principalmente como consecuencias de un comportamiento problemático que tiene la persona en un contexto determinado. La forma de trabajar del psicólogo es modificando dicho comportamiento, a través de diversas técnicas, herramientas o procedimientos, para conseguir que de esa forma el problema desaparezca, teniendo en cuenta especialmente el aspecto contextual, ambiental, social o de aprendizaje de la persona.

El psiquiatra ha estudiado la carrera de medicina y se ha especializado en psiquiatría. En este caso, tienden a fijarse más en los aspectos biológicos y fisiológicos, y en las variables químicas u hormonales que pueden influir en los problemas a tratar. En algunas ocasiones tienden a entender más los trastornos y los problemas psicológicos o psiquiátricos principalmente como consecuencias de desequilibrios o daños fisiológicos, biológicos o genéticos. Por ello su principal forma de intervención es mediante la preescripción de psicofármacos y otros tipos de medicamentos. Por ello, el psicólogo no está autorizado legalmente para recetar ningún tipo de fármaco.

Esto no significa que los psicólogos no tengan en cuenta las variables biológicas o fisiológicas, o que los psiquiatras no tengan en cuenta las variables contextuales o ambientales. Simplemente cada uno se aproxima a ese problema desde diferentes puntos de vista, y muchas veces son complementarios.

En cualquier caso, ambos son profesionales diferentes que se pueden complementar en muchas ocasiones. Por ejemplo, hay algunos problemas en los que el uso de medicación es completamente necesario para conseguir mejores resultados. Por otro lado, en otros problemas, la terapia psicológica ha demostrado tener mucho mejores resultados que la medicación, sobre todo a largo plazo.

¿Cómo le explico a mi hijo qué es un psicólogo?

Es normal tener dudas a la hora de explicarle a nuestros hijos qué es un psicólogo y por qué tiene que ir. ¿Les decimos que vamos al médico o que eres un profesor?

Es importante darle la información más fiable y veraz, sin engañarles, pero adaptada a su edad o nivel de comprensión. Podemos explicarles que un psicólogo es un profesional que:

  • Va a escuchar todo lo que quieras decir, incluidas las preocupaciones que puedas tener
  • Ayuda a las personas y a los niños a sentirse mejor y resolver sus problemas
  • Te va a dar consejos para conseguir las cosas que quieres
  • Es muy amable y no se va a enfadar nunca

También puede ser interesante explicarle lo que NO es un psicólogo:

  • No es un médico, por lo que no te va a hacer pruebas ni te va a dar medicinas.
  • No es un profesor, por lo que no te va a hacer ningún examen.
  • No son jueces, por lo que no te va a juzgar ni te va a castigar por nada.
¿Qué hacer si mi hijo no quiere ir al psicólogo?

Es relativamente frecuente que algunos niños, sobre todo adolescentes, se nieguen a ir al psicólogo diciendo cosas como: «Yo no estoy loco», «Los que tenéis que ir sois vosotros» o «Nadie se tiene que meter en mi vida».

Es normal que a veces haya una cierta resistencia a ir al psicólogo por parte de algunos niños, de la misma manera que la hay con los adultos. Pero es importante intentar que los niños o adolescentes entiendan por qué tienen que ir y que estén dispuestos a colaborar en mayor o menor medida, aunque no estén convencidos al cien por cien.

Algunas ideas que pueden ayudar a que esto ocurra pueden ser las siguientes:

  • Explicarles qué es un psicólogo, qué se van a encontrar y qué van a hacer
  • Tenemos que ser sinceros con ellos y no engañarles
  • Intentar no culpabilizarles directamente de los problemas y tratar el tema más bien como una forma de mejorar la convivencia o las relaciones entre todos
  • Explicarle que, como padres, también también necesitamos la ayuda del psicólogo y que participaremos igual en las sesiones
  • Explicarles que ir al psicólogo no es un castigo, sino una forma de solucionar los problemas
  • Tienen que entender que el psicólogo no le va a juzgar, que va a tener intimidad y confidencialidad, y no le va a contar nada a sus padres si no quiere

Si, a pesar de todo, se niega a ir y tratar de convencerle va a implicar un conflicto o un problema muy grande, entonces es mejor que no venga. Si va a venir de esa manera, (enfadado, frustrado, etc.) su participación va a ser nula, no va a estar nada receptivo y por mucho que acabe viniendo obligado posiblemente no vaya a servir de mucho. En esas situaciones puede ser mejor idea que sean los padres los que vengan solos y expliquen cuál es la situación y qué problemas hay, y a partir de ahí podemos dar algunas pautas y técnicas útiles, ya sea para que acabe viniendo el niño o adolescente, o incluso para resolver directamente algunas de las dificultades que tienen.

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